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Pintura en Oleo (“uno de esos días de no saber qué hacer”)

Esta es ya la tercera nota que escribo para mi vestidor y estoy contenta de poder compartirla. Me interesa crear espacios donde pueda reflexionar en voz alta. Observar, preguntarme y contestarme junto a los visitantes del Blog.
Últimamente en mis salidas exploratorias a un café, a un Shopping, o a un supermercado, por nombrar algunos lugares concurridos, recuerdo y ahora entiendo mejor, aquellas lecturas de Claude Lévi Strauss que me causaban tanto interés en mis clases de Antropología durante la Universidad. Lévi Strauss fue un antropólogo estructuralista francés, declarado por la UNESCO, con motivo de su cumpleaños número 100, como “el más prominente de los científicos del siglo XX” En sus obras, influenciado por Durkheim y Mauss (otros dos antropólogos y sociólogos famosos), preconiza la aplicación del método estructural de las ciencias humanas. Asevera que un auténtico análisis científico debe ser explicatorio. El afirma que las diferentes culturas de los seres humanos, sus conductas, esquemas lingüísticos y mitos, revelan la existencia de patrones comunes a toda la vida humana. Gracias a él “sabemos que la riqueza de la humanidad reside en la diversidad.”Pero ¿por qué menciono a Lévi Strauss? Porque su forma de observar las conductas humanas es muy interesante e ilustrativa; pero porque además siempre menciono personas y cosas que quizás no vengan al caso para oyentes o lectores que tratan de seguir la evolución del punto hacia el cual pareciera dirigirme; “advierto” que el ¿qué tendrá que ver? será en principio de cualquiera de mis notas, un cuestionamiento recurrente, pero por favor lean hasta el final, y comprendan mi obsesión de relacionar y encontrar explicaciones probables a todo, finalmente “todo tiene que ver con todo”y el no prejuzgar es uno de los principios fundamentales de la vida, se los aseguro.
El punto, es que cuando detengo mi mirada en las conductas cotidianas propias de mujeres, y de hombres (que no vienen a nuestro análisis en este blog, pero se aplica también a ellos) uno de los patrones comunes, como diría Strauss, es la mala inversión que hacemos de nuestro tiempo, pensamientos, y dinero, postergando y negando aquellas pequeñas y grandes cosas que nos dan satisfacción y felicidad personal en la vida. Como escuché decir anoche a un médico humanista mendocino, Abel Albino durante una entrevista sobre la pobreza y la falta de valores en la sociedad,”¿Porqué para odiarnos ponemos tanto y para querernos tan poco?” A sus sabias palabras, yo cambiaria “Odiar” por “reprochar” más” negar,”y a “querernos” añadiría “halagarnos.” “¿Porqué para reprocharnos y negarnos ponemos tanto, y para querernos y halagarnos tan poco?”
¿Es que acaso, reprocharnos y negarnos, es más fácil que amarnos? Y ¿se puede amar a otros, sin experimentar esta acción de sentir, primero con uno mismo? En mi opinión, y como resultado de mis observaciones hasta el momento en mujeres que conozco de casi todas las edades, “creemos que podemos amar, conceptualizando el amor como entrega absoluta de nuestro ser,” excluyendo nuestras necesidades, nuestras prioridades, nuestro todo. Y se traduce en pequeñas actitudes de todos los días. Puedo observarlo en las mujeres que en su rol de madres, ponen en primer lugar al hijo ante cualquier situación.Es natural e instintivo la protección y el cuidado de los hijos, siempre y cuando esto no implique la auto desprotección o el descuido hacia ellas mismas. Muchas madres renuncian a todo lo que significa autoreconocimiento “porque así creemos que amamos más y mejor”. Es curioso como la mayoría de las mujeres vivimos con la culpa implícita de no ser lo suficientemente buenas; lo veo cuando salgo con amigas que tienen hijos, o con mi madre al Shopping. A la hora de comprar zapatos, carteras, accesorios, maquillaje, son capaces de renunciar inmediatamente si la tienda situada enfrente es una juguetería, o una casa de ropa de bebes, o una librería. Incluso cuando alguna valiente logra vencer esta típica conducta, debe compensarlo de alguna manera, comprándole algo al nene, nena, nietos, o marido, sobrinos… No se trata sólo del dinero, quizás los zapatos no eran imprescindibles, o sí (mucho peor aún) pero tampoco lo eran “el algo” para el niño, al cual le sobra de todo. Lo mismo sucede con las parejas que son las segundas excusas para “las renuncias en cuestión”, siempre hay que llevarles algo, o ceder en algo, por culpa, ni siquiera es a causa de un sentimiento sincero.
Sin embargo pareciera ser un patrón de conducta universal que se trasmite de padres a hijos, aunque los tiempos hayan flexibilizado ciertos mandatos aceptados como naturales, y las sociedades parecieran evolucionar, lo cierto es que los mismos patrones de conducta siguen repitiéndose, contribuyendo de forma explícita a la formación de categorizaciones; en las cuales, por citar un ejemplo; aquellas mujeres que se ubican en primer lugar en sus vidas y buscan la autorrealización permanente, ante la mirada de sus referentes, son encasilladas como egoístas, banales, y superfluas.No se puede abandonar un hijo para hacer un curso, terminar un postgrado, trabajar profesionalmente (salvo extrema necesidad, no esta bien visto ). Tampoco podemos abandonar sin reproches, o sin pagar costo alguno, a maridos, padres, hermanos en pos de la realización personal.
Siempre cito y recomiendo películas como la mejor forma de visualizar lo que nos pasa, para este tema se me vienen varios títulos a la cabeza.No puedo dejar de mencionar que amé el personaje de Samantha Jones en “Sex and the City” por honesta, aunque no me identifiqué con ella, sí me pasó con varios de los personajes de Jane Austen, me emocioné con “Sensatez y Sentimientos,” y con “Orgullo y Prejuicio”. Pero la realidad me parece más cercana a “Simplemente no te quieren” (intento de comedia soft, no tan soft), y la trágica “ Revolutionary Road” con Kate Winslet y Leonardo DiCaprio.Todas tratan lo mismo en diferentes épocas y culturas, “el karma de tener que postergar por amor”
Estos ejemplos de comportamientos inculcados desde la primera infancia, inciden para bien y para mal en el resto de nuestras vidas, condicionándolas si no se logra dimensionar las influencias externas adecuadamente. Y es que el dejar de lado algo que queremos tener o hacer legítimamente, para nosotras y por nosotras, no tiene que ser la mejor opción, ni siquiera ser la única opción, y en muchos casos, “ni siquiera ser opción”.
Las permanentes privaciones, así como las permanentes concesiones son un arma de doble filo, ya que acarrean angustia, resentimiento, y sensación de insatisfacción.
Hace algunos días regresaba de una reunión familiar muy conmovedora donde varias generaciones de mujeres de mi familia se reunían para festejar el cumpleaños número 80 de mi abuela; fue hermoso reunirse todos nuevamente. Notable como estos comportamientos me fueron tan visibles. Todos hicimos algo para sorprender a nuestra querida nona, y por ser la mayor de sus nietos, me encargué de recopilar las fotos y compaginar la música para hacer un video con la historia de la familia. Me encontré entonces, con una mujer y con un hombre (mi abuelo) que han sido padres, esposos, abuelos, bisabuelos, pero también personas que amando han sufrido mucho (y el orden de los factores altera el resultado, y es adrede lo de padres primero).
Es increíble como se refleja en los cuerpos el paso de los años, la forma de vivir que elegimos va dejando huellas imborrables, cuando estos patrones que analizamos, se trasmiten y amar significa la entrega más absoluta.
Luego subo al avión de regreso a Buenos Aires, sentada en el medio de mi marido y una niña pequeña, cuya mamá esta en el próximo asiento contiguo después del pasillo, no les ha tocado una al lado de la otra esta vez. Escucho las habituales instrucciones para el caso de emergencia dadas por la azafata que explica, que al caer las máscaras de oxigeno, las madres deben ponérselas primero antes de asistir a sus niños. Me quedo pensando por un minuto en que mi primera reacción sería asistir a la niña que tengo a mi lado, lo instintivo es asistir al más desprotegido primero; pero enseguida me doy cuenta que no, “retomando aquel principio sobre la auto desprotección que mencionamos en un comienzo”, es lógico y real que no se puede asistir al otro, ni mucho menos salvarlo, si uno no esta a salvo primero.
En consecuencia, si logramos aplicar este nuevo patrón a todos los aspectos de nuestras vidas; trabajando sobre nuestras prioridades, invirtiendo y distribuyendo mejor nuestro tiempo y los recursos de los que disponemos en nosotros mismos, será más fácil amarnos, amar a otros; salvarnos y salvar a otros a partir de nuestro ejemplo.

One thought on “¿Por qué para reprocharnos y negarnos ponemos tanto y para querernos y halagarnos tan poco?

  1. Creo que todas las mujeres vamos a sentirnos identificadas con esta nota… es muy real todo lo que decís! Ojalá podamos aprender a priorizar las cosas, de manera de no dejarnos de lado a nosotros mismos en ello. De no hacer las cosas porque hay que hacerlas y punto. Hacerlas porque nos interesa de verdad, porque nos produce satisfacción y placer. Que nos sirva para sentirnos completas… mejores personas, y felices sobre todo.

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