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Alguna vez fuimos pequeñas y todas anhelamos ser como mamá cuando grandes. ¿Qué nena no ha jugado a ser mamá, no se ha subido a sus tacos, no se ha probado su ropa, y no le ha destruido su maquillaje? ¿Quién de nosotras no ha imitado a su madre en sus roles cuando chica, e incluso hasta intentado quedarse con papá?

“Todas las mujeres hemos pasado por esta etapa, claro que después vendrán las peleas de la adolescencia. Pero en el devenir del tiempo ya sea por genética o por carácter, seguro nos pareceremos en algo a ellas; y cuando la hora de ser madres de una hija nos toca, ten la certeza que entonces la comprenderemos más que nunca, y queriendo o sin querer, nos pareceremos aún más de lo que alguna vez anhelamos …”

Para concluir, aún a pesar de la distinción que conlleva la facultad de dar vida, toda madre sabe, con certeza, que el desempeño de su rol no está exento de múltiples e innumerables problemas y sufrimientos porque: “No todo son historias idílicas.- Entre una madre y una hija también se crea, la barrera de la rivalidad, el egoísmo o el autoritarismo. Pero, en cualquier caso, sea cual fuera el paisaje, siempre subyace en él un cordón invisible, evocación cierta de aquel otro que durante nueve meses alimentó una vida.- Un vínculo que perdura a través del tiempo y que une a dos mujeres en una relación de complicidad peculiar y, a menudo, inexplicable”.

Madres e hijas Famosas. “De tal palo, tal astilla...”



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